Derrepente me fijé que era la imagen congelada en una ventana y me sentí profética.
Cuando no hay ni un alma en las calles y caminando estiro el cuello buscando sonrisas y besos en los balcones
Y me gusta cuando está nublado porque así siento que la madrugada no se acaba nunca,
que el pelo se me va limpiando del cigarro con cada caricia del aire frío cortándome el cráneo.
Por eso cuando la ví pasar con el abrigo cruzado sobre los brazos mirando hacia arriba, le sonreí y le tiré un beso.
8 de diciembre de 2008
I see the lie.
18 de noviembre de 2008
Just stay alive.
Al menos, aprovéchate y piensa en nosotros en las tardes lánguidas de domingo en que después de almuerzo no tengas nada más que hacer, y apuesto que el recuerdo de mis suspiros entrecortados en tu oreja aun serán capaces de arrancarte una sonrisa.
Guárdalo como el mejor secreto, porque ninguno de los dos quiere hacerse responsable de lo que el humo amargo fue capaz de reunir luego de tantos intentos fallidos a lo largo de los años. Sé que compensamos más de lo que debiésemos y que nos dejamos llevar, pero ambos sabemos que de ahora en adelante, si te ignoro, será por escoger el menor de dos males.
Mejor vuelve a tu polola, que yo me devuelvo a mi vida con una nueva cicatriz para acariciar. Ojalá que con el avance de las horas no quiera que me la abras de nuevo.
13 de noviembre de 2008
Cartografía.
Me ha pasado que mirándome a las puertas del metro no me he reconocido. Pero no con esos espasmos de desconocimiento, como de mirarse y encontrarse más avejentada o más guapa, no, hablo de verdaderamente desconocerse. Haberme acostumbado tanto a mi propio reflejo que me llama la atención la manera en que se inclina mi nariz, los párpados, el ángulo de las pestañas y la sombra de mis pómulos. Y después de un rato me miro y me pierdo en mí, me comienzo a desesperar al ver que esa imagen del reflejo corresponde a un referente verdadero, y que aquél referente obedece al aspecto físico que se refleja y se desdibuja para mí, y no puedo creer, por unos instantes, que yo sea yo; que la gente, al hablar conmigo, haya visto esa cara, esos labios dibujándose en palabras, y no les haya llamado la atención que esa persona con quien conversaban estuviese encerrada en aquél cuerpo.
Son esos momentos en que creo vislumbrar los inicios de mi locura, y para evitarla momentáneamente, aparto la vista de mis ojos por un segundo, y la vuelvo a centrar luego en mí, para agradecerle a lo que sea que lo decidió, el haberme dado esta cara y este cuerpo, que tan bien han sabido aguantarme dentro de sí.
9 de noviembre de 2008
I like it rough.
La que aquí no pasa nada.
Para ver, si así, con indiferencia
Logro interesarte de una vez por todas,
O si sin ti
finalmente seré feliz.
4 de noviembre de 2008
Encore.
Eso. Envolverme en papel de chocolate y esperarte en la puerta de tu casa con esa palabra escrita en la tarjeta del regalo.
No, muy malpensable. No es que no quiero que malpienses, pero ¿cómo voy a hacer para irme en la micro con un letrero de "cómeme" amarrado al cuello y los brazos pegados al cuerpo por el papel aluminio?
No, mejor no, mejor te regalo unos chocolates y la tarjeta la escondo entre el papel de regalo y el del chocolate.
Pero en vez de "cómeme", le voy a poner "te quiero. gracias por ser mi amigo"
Sí, eso mejor.
Así me ahorro un par de explicaciones y no te pierdo de una manera tan estúpida.
23 de octubre de 2008
De tripas corazón.
29 de septiembre de 2008
Carmensita.
Fue ameno, me sentí media jote pero siempre buena embajadora de mi persona. No pude evitar encontrarlo algo pastelito, pero su perfección anatómica obviaba cualquier defecto de personalidad. Conversamos unos diez minutos y llegó uno de sus amigos a pedirle un cigarro, él se lo dió y se excusó para ir al baño, dejándome a mí y al recién llegado hablando nimiedades.
Y resulta que el adonis no volvió. Se fue a revisar no sé que cosa, y yo cada vez más desesperada al ver cómo la mirada de mi nuevo interlocutor cambiaba de enfoque y empezaba a considerame en un plano digamos más allá del casual.
Me llegó a mí el turno de excusarme, y me fui a compartir la derrota con un amigo. Al decirle "Parece que no estaba ni ahí" me dijo "¿Porqué? ¿Se fue al baño o algo?" me sentí reverendamente estúpida. Comprendí de un sólo golpe una estrategia masculina que para no herir recurre a una salida quizá algo cobarde y que me molestó más de lo que quise admitir. Me sentí arrastrada, patética, fea, tonta y con cero profundidad. Miré una vez más al fruto de mi lujuria y el medidor de patetismo me subió tres grados, volví la vista rápidamente y recité mentalmente todo mi salmo coprolálico a ese metro ochenta de sex appeal y ojos claros.
Después putié a la primavera un poco, me terminé de un trago la cerveza y me evaporé del lugar.
Yeneréishon écs.
29 de agosto de 2008
Sólo para mí.
Esta soy yo, prostituyéndome de una manera deliciosa. Qué tanto que ya no sea la misma que hace cuatro meses, no es tampoco que esté irreconocible. Y ya, ahora puedo soltarme el pelo y jugar a que viene el verano, como si me gustara toda esa parafernalia de cuerpos exhibiéndose y jugos de frutas naturales con hielo picado, porque ahora soy otra, una puta, una puta producto de la sobreexposición a trabajos mentales prolongados que me han dejado el cerebro del tamaño de una pasita del Valle de Elqui.
Ya me veo a mí, en esa calle sin bifurcaciones ni letreros, con los anteojos de sol cuneta y el brazo afuera como taxista, pero de copiloto, imitando la típica escena de libertad adolescente hollywoodesca de sacar la mano por la ventana y hacerla subir y bajar por las olas de aire. Y la velocidad que entra por la ventana y desordena el pelo pero no la sonrisa, y menos la juventud, los pies apoyados en el tablero con algodones entre los dedos para que no se corra el esmalte y en la radio una canción antigua cuya letra se recuerda a medida que suena.
Yo quise transformarme en esta idea de mí misma, y si me cambia la actitud es porque no tengo el presupuesto para renovar el vestuario. Por ahora me conformo con la lycra imaginaria y la red que enfunda las piernas, parada en mi propia y utópica esquina, esperando a ese auto, justo ése auto, que bajará el vidrio y hará que esta profesión se vuelva lucrativa.
Pero ojo, que aquí por la falta de sinapsis y el exceso de literatura, se me ha pegado lo metafórico y lo de no limpiar lo devuelto con toalla nova, y es por eso que ahora dejo expuesto este lado b de un análisis interno muy extenso y que no necesariamente algo tiene que ver con el mercadeo sexual.
Finalmente, reconocer que lo mío no es más que una proyección mental que de absurda tiene tanto como a mí me falta el estoicismo. Seguiré leyendome esos libritos de bolsillo con las posiciones y comiéndome un sandwich, haciendo hora en Baquedano y jurándome que la dieta la empiezo mañana y que en un mes más estaré rica e irreconocible como me creo ahora. Pero bueno, de algún lado tengo que partir, y si no parto apenas yo quiera es porque siempre he pensado que esto de la prostitución necesita del proxeneta. Es que no soy buena en matemáticas y me dejo convencer con facilidad.
1 de agosto de 2008
Cosquilla.
19 de julio de 2008
Catcher
Algunos especulan que él ya ha muerto pero a mí la lujuria no me la quitan con sus recortes de diario y discusiones de foro en internet. Porque a pesar de los cuatro años que lo vengo conociendo y todavia no sé nada de él, me encanta, me revuelve todo cada vez que cuento las cicatrices en su pecho y las ojeras de panda que luce en cada imagen. Trato en vano de acercarme a su mente como me sé capaz de acercar a su cuerpo y por eso inspecciono todo lo posible para leer lo mismo que a él le gusta, para entrar en esa tormenta tan artística y trillada que ya es propia del medio en el que el y yo estamos inmersos.
La diferencia es que sé de hecho que él desapareció hace más de trece años, pero eso no evita que me visite cada vez que lo evoco y que yo desee conversar con él para que me encuentre inteligente, para decirle que yo estoy enamorada y que él no es otra de mis obsesiones pasajeras como a los dieciséis fueron los huesos. No, yo quiero que sepa que haré lo posible por ayudarlo, pero que no quiero cambiar quien es, porque me gusta esa oscuridad y sufrimiento propios de su persona. Además, a mi me gusta el tormento que exuda por cada poro y queda más que perfecto en mi historia como aquel a quien amé devotamente pero que no fui capaz de ayudar, y que aun a pesar de mi presencia constante terminó desapareciendo y dejando su auto a un costado del camino.
Me gusta pensar que podré pavonear las lágrimas que por él voy a llorar así como las sendas de rímel que bajarán por mi cara por su culpa, de su profundidad mental, sus oscuros comentarios sobre el existencialismo que me susurrará todas las noches que yo quiera al oído luego de que hayamos hecho el amor.
After Eight
Exquisito dolor es aquel que se disfruta. El que se anhela: el que inspira.
Desafortunado es el que siempre se siente.
Cuando viendo fotos ajenas, escuchando inspiraciones líricas ajenas, sintiendo como dos manos ajenas se juntan,
se sufre.
26 de junio de 2008
Edwards
16 de junio de 2008
Sunburn
19 de mayo de 2008
Arrebato
El vagón comenzó a temblar. Las luces a nuestros costados se apagaban y prendían erráticas, denunciando el pulso moribundo del tren, vibrándonos en la piel el apocalipsis.
Sentada en el suelo en un extremo del vagón sentí como sus entrañas entre las ruedas comenzaban a arder, sacando un chirrido agudo de los rieles que sucumbían bajo el paso del armazón de metal y todos a quienes contenía. Comenzaron los gritos de los desconocidos, búsqueda frenética de miradas cómplices en el caos, invocaciones celestiales, nombres de amantes pasados.
Las luces se apagaron y las bocas se deformaron en su brillar anaranjado, una visión del infierno para todos aquellos que creían no merecerlo. Volvieron a prenderse titilando recuperando en nosotros una momentánea paz, hasta que vimos cómo el suelo comenzaba a resquebrajarse y derretirse por el calor, los gritos cada vez más agudos.
Volví desesperada la cabeza a la derecha. Sentada junto a mí se mantenía impasible una joven con audífonos, mirando hacia el frente como si lo que estuviera presenciando no fuera más que un montón de sucesiones icónicas de su banda sonora personal; los acordes finales de su película.
Y en tres segundos, mientras el agujero de acero hirviente se abría a lo largo del vagón, los extraños se abrazaban, se ponían en posición fetal, se cubrían los ojos y callaban, yo la tomé por la barbilla, la giré hacia mi cara, y la besé.
20 de abril de 2008
Veneno
Voy a abrazarte en mi mente todos los días si es que no deseas que te toque.
Voy a llorar cuando no me veas para que pienses que soy fuerte, para sujetarte mientras caes y sigues cayendo y yo no tenga más que hacer que callar y estar.
Odiaré al mundo como tu lo harás. Te querré como tu extrañarás. Recibiré tus insultos, tus golpes, tus gritos de dolor.
Estaré para ti aunque no quieras.
Y ojalá un día veamos salir juntas el sol.
5 de abril de 2008
Diez cosas.
En las ventanas de internet un libro de 500 páginas para el lunes, un trabajo de 11 para el martes y una fiesta de una muy buena amiga mía a la cual le deben estar cantando el cumpleaños feliz en este mismo momento.
Y es extraño, pero entre el momento familiar de hora y media del que acabo de salir, el casi llanto con una película que no se supone lo provoque y una llamada por teléfono a alguien a quien debería haber ido a ver, me dí cuenta de lo mucho que me hace falta reir.
Como esa canción de Postal Service, siento que no me río desde Enero, de las seis tardes con mis amigas respirando el aire salino de la playa y riéndonos tomadas del brazo por las calles nocturnas de Viña. Hace tiempo no me río como corresponde, pero no significa que me sienta miserable o que ahora sea algo así como una desadaptada social, no. Sólo que el pensamiento me azotó la cabeza cuando abrí el libro que no merece ser leído con apresuramiento y el stress de un trabajo a la vuelta de la esquina y que aún no está ni esbozado se me apoyó en los hombros.
Me hace falta esa carcajada ebria, joven, lúcida en su propia inocencia por haber brotado muy rápido. Esas que no se planean ni se buscan cuando se va a un lugar en el que se sabe uno la va a pasar bien. Quiero de esas que te toman por sorpresa y nos dejan llorando y sin aliento aferrados de algún hombro amigo.
No sé. Simplemente me di cuenta, y extraño esa risa sobremanera.
Pero nada que hacer, ya que no la puedo ir a buscar.
(Muchos adjetivos, me dijeron, pero no puedo corregirme en este momento de verborrea pura. Nada que hacer)
23 de marzo de 2008
Sometimes
Tocándose la nuca, busque una pequeña protuberancia. Luego de un rato rascándosela con cuidado, será capaz de tomar su dignidad por uno de los extremos. Hálela y guárdela dentro de un bolsillo bien cosido, para que no se le caiga completamente. Después, tome su celular, conéctese a messenger o escriba un carta. Durante todo este rato, mantenga presionada su dignidad para que no vuelva a su lugar o se caiga al piso. Es necesario mantenerla tranquila, así que si lo considera necesario puede tranquilizarla con algunas palabras convincentes, aunque en la mayoría de los casos suenen un poco falsas.
Posteriormente y luego de escritas las palabras correspondientes, con mucho cuidado tome nuevamente su dignidad desde el bolsillo, y presionándola entre en pulgar y el índice, déjela colgar de manera que esté a punto de rozar el suelo. Sólo en ese momento, le será posible enviar el mensaje, carta u oración que haya escrito en aquel momento de impulsividad.
Una vez enviado, y sin dejar de presionarla fuerte, introduzca nuevamente su dignidad por la protuberancia antes descrita. Una vez allí, comenzará a producirle un picor extraño, que se trasladará a la boca del estómago y le producirá una sensación de incomodidad un tanto particular, que irá cesando paulatinamente, siempre y cuando no recuerde con mucha intensidad las palabras enviadas, ya que puede hacer que su dignidad se sacuda un poco y le produzca espasmos breves en las extremidades o en los hombros, acompañados de una exlamación en general despectiva hacia usted mismo.
La resolución del proceso no radicará luego en su dignidad, pero será directamente proporcional a la distancia a la que usted la mantuvo del piso. Los resultados pueden variar en los extremos de aceptación o rechazo, y lamentablemente no se aceptan ni devoluciones o intercambios de dignidades.
Ante cualquier duda, consulte al fabricante, a pesar que éste no será capaz de responder ante los posibles daños o complicaciones producidos por el proceso descrito anteriormente.
La recomendación principal luego del proceso y que coincide en la mayoría de los casos de consultas, es simplemente A P E C H U G U E.
18 de marzo de 2008
1 de marzo de 2008
Smoke gets in your eyes.
Un fruto de mi impulso, entonces. Pero sin leer entre líneas.
Engañémonos un momento y sintámonos amigos, casi hermanos.
Mirémonos con risa, palmeemonos en la espalda con cada chiste o frase ingeniosa, presentémonos mutuamente a amigos que consideramos dignos del otro.
Cuando nos pregunten por separado la relación que mantenemos, mostremos abiertamente la sonrisa y expresemos cómo nos queremos y confiamos, de lo felices que estamos que cada uno tenga su pareja y que todos sepan comprender el tipo de amistad que supimos desarrollar.
Riámonos de deslices y cosas pasadas, de titubeos, hagámonos los idiotas.
Seamos capaces de mirarnos a los ojos sin un rastro de lujuria, no dejemos que el alcohol nos nuble la mente y deje libres las manos para adelantarse en la mesa, los zapatos olvidados en el suelo.
Recordémonos lo pendejos que éramos y lo ilusionados que estábamos, cada uno por su lado.
Mandémonos cartas, pongámonos sobrenombres, escojámonos de antemano como los padrinos de los respectivos hijos.
Callemos los celos con frases capaces de convencer al diablo, mostremos libertad en los abrazos, hablemos correctamente y toquemos temas que no nos atrevemos a conversar con nadie más.
Seamos capaces de desnudar sólo el alma, brindemos por la amistad, cantemos sin vergüenza y recordemos los programas de la tele que veíamos cuando éramos chicos.
Sólo por un minuto, sigámonos mintiendo como tan bien lo hacemos, terminemos las frases del otro, no nos sorprendamos de lo bien que nos conocemos.
Suicidémonos un poco.